Te has preguntado alguna vez, ¿por qué los coches eléctricos no necesitan cambio de marchas, cuál es su funcionamiento, o cuál es la velocidad máxima que suelen alcanzar este tipo de motores? Te contamos todos los detalles e información relativa a la velocidad en los coches eléctricos y qué beneficios aporta a la conducción.

¿Por qué los coches eléctricos no tienen marchas?

Entre otras muchas cuestiones, una de las que más diferencia al coche eléctrico del convencional es la forma en la que se transmite la potencia del motor a las ruedas para su funcionamiento. Mientras que un vehículo de combustión interna posee una caja de cambios con tantas relaciones de transmisión como marchas, los eléctricos no necesitan caja de cambios ya que poseen una única marcha.

El motor de los coches eléctricos sólo tienen una velocidad, que es la que equivale a la quinta marcha de los vehículos convencionales o térmicos. El motor eléctrico puede llegar a multiplicar más de 12.000 veces su velocidad mínima útil, ya que este entrega el par máximo desde las cero revoluciones. Los eléctricos, además, no necesitan ni embrague ni caja de cambios ni marcha atrás, ya que este último movimiento lo consiguen a través de un inversor de corriente.

¿Cuál es la velocidad máxima de un vehículo eléctrico?

Es un falso mito el que dice que los vehículos eléctricos no alcanzan ni los 100 km/h, ya que estos pueden alcanzar las velocidades de muchos de los vehículos convencionales. Para aumentar las prestaciones del motor eléctrico y reducir el consumo de energía, son muchos los coches eléctricos que tienen la velocidad limitada electrónicamente entre los 130 y 150 kilómetros por hora. Este hecho mejora considerablemente la aceleración del vehículo al tener una relación de transmisión mayor.

Aún así, la velocidad máxima que alcanzan los vehículos eléctricos son más que suficientes para los límites de velocidad que se pueden alcanzar en las carreteras españolas y europeas.

¿Qué beneficios aporta el motor eléctrico a la conducción?

El hecho de que un motor eléctrico ofrezca su máxima revolución, de 0 a 12.000 rpm, sin elementos ni maquinarias auxiliares, es la razón por la que la conducción de un vehículo eléctrico es muy suave, sin vibraciones ni ruidos de aceleración. Lo que hace que el conductor no se sienta sobresaltado con tirones ni exceso de revoluciones del motor, garantizando la firmeza, el silencio y la suavidad.

Además, la sencillez de estos motores y su sistema de transmisión, su alto rendimiento y el bajo coste de mantenimiento de este tipo de vehículos es lo que hace marcar la diferencia con los vehículos convencionales.

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