El movimiento “Slow” es una filosofía de vida que anima a llevar una vida más lenta o, al menos, menos frenética. Son muchas las ciudades europeas que hace unos años se involucraron en esta tendencia que poco a poco llegó al mundo gastronómico. Surgió así el movimiento “Slow Food” significa comer lento, valorando la calidad y la materia prima con la que se han cocinado los alimentos, así como la forma en la que se han cocinado. A continuación te contamos esta tendencia gastronómica y cómo puede cambiar el ritmo frenético del mundo.

El contrapunto al “Fast Food”

Por el estilo de vida que llevamos actualmente son muchas las personas que tienden a comer rápido y mal, es decir, sin tener en cuenta la calidad de los alimentos ni los ingredientes que estos llevan. Como contrapunto a la tendencia “Fast Food” o comida rápida, surgió en Italia en 1984 el movimiento “Slow Food” con el fin promover la lentitud en la comida, la calidad de los productos y salvaguardar las recetas locales. El movimiento se fue ampliando hasta 130 países del mundo y en 2004, la FAO reconoció oficialmente a “Slow Food” como organización sin ánimo de lucro.

El decálogo del “Slow Food”

1. El movimiento “Slow Food” fomenta los productos locales, tanto productores, procesadores, comerciantes y gastrónomos próximos, lo que favorece positivamente la economía local y el desarrollo del entorno rural. Además, el transporte de los alimentos desde lugares lejanos hasta el consumidor final representa un componente negativo al medio ambiente por el consumo de energía y contaminación.

2. Respeto por los alimentos de temporada, ya que suelen ser más económicos y sostenibles en su producción y recolección.

3. Fomento de recetas tradicionales como base y respeto a la cultura e identidad local, lo que además favorece la propia sostenibilidad alimentaria.

4. El Slow Food fomenta el aprendizaje en familia. Esto ayuda a conocer los alimentos, crear hábitos saludables, técnicas culinarias y habilidades básicas para una compra sostenible y que se preocupe por el medio ambiente.

5. Planificar los menús y las compras ayuda a reducir los desechos, evita el despilfarro de alimentos y fomenta el reciclar adecuadamente.

6. Prioriza los alimentos vegetales. La producción de alimentos animales produce una huella medioambiental mayor que la de los elementos vegetales, fundamentalmente por la mayor emisión de gases de efecto invernadero, mayor consumo de agua y recursos energéticos y mayor utilización de superficie terrestre.

7. Utiliza la biodiversidad terrestre y acuática de forma sostenible para asegurar su continuidad. El consumidor debe ser consciente de su importancia y trascendencia de manera proactiva.

8. Muestra especial atención a la sostenibilidad de los procedimientos agrícolas, ganaderos y pesqueros.

9. Dale importancia al equilibrio y moderación en el consumo alimentario. Evita el exceso y el derroche.

10. Fomenta la dieta Mediterránea. Esta dieta representa uno de los ejemplos más importantes de alimentación más saludable, sostenible y tradicional del mundo.

Como ves, pequeñas acciones pueden cambiar las consciencias de las personas y mejorar la calidad y desarrollo del medio ambiente. ¿Y tú, fomentas estas acciones? Valora lo que comes y cómo lo comes. El Slow Food es uno de los métodos más eficaces para cambiar el ritmo frenético del mundo.

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